ACAMPANDO AL ESTILO GLAMPING EN LA CEPA

BARBACOAS ESTADO LARA (VENEZUELA)

Estas vacaciones se han hecho un tanto largas, y el presupuesto pues ciertamente reducido, revisando opciones atractivas para los chicos y sobre todo considerando la variedad de edades entre ellos, encontramos un lugar con un concepto bien particular, que ofrece comodidad para quienes lo tenemos como tema preferencial, diversión y aventura, necesarias para captar la atención de mis hijos y la tranquilidad imprescindible para recargar energías, este lugar se llama Glamping la Cepa, ubicado en Barbacoas estado Lara.

Es una pequeña propiedad con espacio para acampar en distintas modalidades, en carpas para aquellos que deliran por dormir bajo las estrellas, habitaciones cómodas y familiares como “La Cabaña y el Lagar” ideales para quienes nos gusta la aventura pero amamos la comodidad y espacios románticos y creativos como “La Carreta” solo para dos con cena privada a la luz de la luna incluida, todo con el valor agregado de tener comedor techado, baños y todo ese marco natural que te permite sentir que realmente estas acampando.

Antes de ir a Barbacoas es necesario por no decir imprescindible, llamar a José Gonzalez, es un guía totalmente conocedor de la zona, sus posadas, paseos, rutas, y cualquier información adicional que puedas necesitar, por Instagram lo ubicas como @stlomalinda es extremadamente amable y se responsabiliza tanto de quienes decidimos contactarlo que hasta te guía por el camino y te indica donde comer, donde parar y cualquier otro detalle que necesites, con su ayuda recibimos instrucciones precisas para llegar al pueblo, pero confiando en el GPS tomamos otra vía que para nuestro agrado termino siendo una agradable sorpresa, llegamos a la Represa el Tocuyo, un paisaje tan espectacular que te quita el aliento, tuvimos que detenernos y cerciorarnos de lo que veíamos, una postal en vivo, con una brisa recia y una paz abrumadora, digno de ser fotografiado para inmortalizarlo en los recuerdos de camino.

Seguimos la ruta y nos tropezamos de golpe con la realidad, una vez mas una tranca impedía que continuáramos con el paseo, una comunidad del estado Lara, solicitaba el cumplimiento de algunas promesas, era necesaria la presencia de las autoridades para reabrir el paso, estuvimos aproximadamente una hora suspendidos en el mismo lugar esperando la solución del conflicto para continuar, al parecer, las cosas estaban un tanto complicadas por lo que un grupo decidió tomar camino por la montaña algo mas remoto y complicado pero una opción mas viable para continuar con la ruta, de manera que nos unimos al grupo liderado por la Familia Rodríguez, rumbo a un camino desconocido, tomamos un desvío que llevaba a un camino de tierra y comenzamos a subir las montañas, la vía bastante buena para ser poco transitada, el paisaje espectacular desde las alturas, la gente por el camino saludaba emocionada al vernos pasar, lo disfrutamos como corresponde y final retomamos la vía principal, despidiéndonos de nuestros amigos de ruta, agradecidos por las orientaciones que nos permitieron salir de la tranca.

La vía es bastante sola, parece que no llevara a ninguna parte, por momentos pensamos que estábamos perdidos pero resulta que era cuando mas cerca estábamos de llegar a nuestro destino, José nuestro guía, estuvo contactándonos hasta ubicarnos y al saber todo lo sucedido preparo lo necesario para recibirnos con un almuerzo fabuloso, en La Pionía, una posada que esta un poco antes de llegar a La Cepa, allí Naudí y toda su familia, nos recibieron con carne en vara, ensalada, arepitas de maíz pilado y un papelón con limón helado para calmar la sed, finalizando con un cafecito criollo endulzado con papelón, todo lo que necesitábamos para sentirnos bienvenidos, seguimos a La Cepa.

Al llegar nos recibió el Sr. José, quien nos ubicó en el Lagar, es una cabaña amplia compuesta por 4 habitaciones, con diferentes capacidades, en total puede reservarse para grupos desde 6 a 13 personas, incluye un baño privado y un pequeño estar donde puedes sentarte a descansar o simplemente a observar toda la maravilla que te rodea, es un lugar realmente hermoso, todo es verde y abierto a la vista, cada espacio invita a descansar y a relajarte, comenzaron los preparativos para la cena, mientras caía la tarde, se podía degustar la tranquilidad, se anticipaban en la mente los mágicos momentos que estaban por venir.

El Sr. José, quien atiende la posada es carpintero, estuvo por acá para hacer algunas cabañas que ya están por estrenar, pero adicionalmente se quedó para atender la posada, lleva ya casi un año en el lugar y es un buen anfitrión, amable y atento. La cena quedo servida, el menú es único y no se presentó la oportunidad previa para explicar nuestras preferencias alimenticias, razón por la cual esta primera cena no resultó ser la mejor experiencia, sin embargo aprovechamos la ocasión para detallar los gustos, alergias y demás detalles y en las próximas ocasiones esto mejoró de manera progresiva.

Para los chicos y para los no tan chicos hay un enorme columpio que cuelga de una árbol de Caucho, que se mantiene con el equilibrio de quienes se suben a él, hay una pequeña cabaña con todo lo necesario para jugar a la medida de los mas pequeños y para los mas grandes una cabañita donde dejan una jarrita de café con leche fresca para tomar, y un equipo con la música adecuada al ambiente que te rodea, todo lo necesario para consentir a los huéspedes.

Dormimos divinamente, te despiertas con los ruidos de la naturaleza, los caballos, los pajaritos, las vacas, la brisa de la mañana en fin todos juntos arman un coro celestial que te hace despertar enérgico y dispuesto a salir a la aventura que te espera. José González, nuestro guía llegó puntual a buscarnos, luego de un buen desayuno salimos rumbo al parque Dinira, esta bastante cerca, dejas el carro en la vía y penetras en la montaña que abre un camino rumbo a la Cueva de la Pionia, en el camino consigues de todo desde una vaca que luego de espantar a mis citadinos hijos continúo su camino como si nada, hasta enormes vestigios de coral, que según nos explica José hablan de que esto en algún momento formó parte del mar, rocas que parecieran ser volcánicas, petroglifos, en fin innumerables partes de una gran historia por contar, llegamos a la entrada de la Cueva, nos preparamos para entrar a un recorrido de aproximadamente una hora, nos repartimos las linternas y los niños y nos fuimos a recorrerla, es interesantemente maravillosos este recorrido, no hace falta ser un atleta ni un valiente para esta travesía, pero de verdad te sumerge en otro mundo sales de nuevo al aire libre sintiéndote el mas audaz aventurero y sin miedo a nada bajamos de nuevo la montaña esta vez con rumbo a la cascada del vino.

Solo basta con rodar unos cuantos metros y llegamos a la siguiente parada, nos bajamos del carro y con solo caminar unos segundos consigues que la vegetación es diferente, arida y seca, alrededor las montañas parecen tepuyes y el suelo es totalmente rocoso, basta con avanzar un poco mas y comienzas a ver el agua color vino transparente pero intensa, dicen que este color se lo debe a los minerales que la componen, hay cactus por todas partes, incluso es importante estar atentos, podrían lastimarte al tropezarlos, llegamos finalmente al punto mas alto, noventa y cinco metros hacia abajo observas desde arriba la caída de agua llamada la Cascada del Vino, un espectáculo, la brisa imponente y el paisaje que te da la impresión de estar en el estado Bolívar en pleno Roraima, quienes se atreven pueden pomar fotos de la caída de agua desde este punto, quienes ni de casualidad nos asomamos nos conformamos con las fotos sobre las piedras gigantescas del camino.

Al bajar nos quedan dos paradas, una en la quebrada del Vino, que son algunos pozos solitarios, apartados y helados que forman una especie de jacuzzis donde te puedes sumergir y finalmente a la Cascada del Vino, un pequeño Salto Angel hermoso y cautivante, para llegar bajas desde la entrada del parque por una carretera que va dejando ver algunas pistas de lo que viene, hasta que finalmente estacionas, caminas un poco y aparece deslumbrate con sus 95 metros de altura, la impresionante cascada, cerca de ella puedes acampar, siempre con permiso de Imparques, que preferiblemente debes traerlo desde Caracas, es un lugar hermosamente frágil, esta limpio pero es bastante pequeño si asisten muchos visitantes juntos puede colapsar fácilmente por lo que es importante cuidarlo y respetarlo, evitar dejar basura en el y tratarlo con total delicadeza, tiene varios pozos helados y poco profundos, es toda una maravilla de la naturaleza que vale la pena contemplar.

Al culminar nuestra aventura nos fuimos a comer nuevamente a la posada la Pionia, donde una vez mas nos esperaban con deliciosa comida caliente, hecha con absoluto cariño, esta posada es un poco mas sencilla que la Cepa en cuanto a estructura pero el trato de sus dueños lo compensa todo, tiene un espacio amplio para acampar, con baños y comedor, y una cabaña con cocina incluida, sin servicio eléctrico, pero con una planta que surte lo básico, hay vacas para ordeñar y cualquier cantidad de animalitos de granja, la comida es alucinante y el trato es inmejorable.

Al llegar al Glamping la Cepa, los chicos hicieron una cabalgata corta, y nos preparamos para la cena y para la sorpresa de la noche, la fogata. Luego de un baño reparador, nos sentamos a descansar mientras esperábamos la cena, lo que contemplas sentado viendo al fondo el pueblo de Barbacoa y las montañas es un paisaje digno de ser tatuado en la memoria, los tonos vespertinos del cielo van matizando los azules, hasta oscurecer y poblarlo de mil estrellas que iluminan lo suficiente el ambiente junto a una luna llena de fondo.

Cenamos, y llegó la hora de la fogata, nos sentamos alrededor del fuego, la noche viene acompañada de una brisa helada que hace que la fogata sea totalmente acogedora, nos instalamos a contar historias con los niños hasta que vencidos por el sueño decidimos acostarnos y descansar para el viaje de retorno.

En la mañana, el Sr. José no olvidó que había prometido que ordeñaríamos las vacas, y bien temprano fuimos al potrero donde nos esperaban, no les miento, la experiencia no solo fue para los chicos, en mi vida había tomado parte de una actividad como esta, los cantos y el ambiente en torno al ordeño son algo bien particular, desayunamos recogimos todo y nos dispusimos a regresar a casa, el pueblo de Barbacoas luce solo y silencioso, la vía solitaria y tranquila nos llevó hasta Barquisimeto donde paramos a saludar y a disfrutar de la hospitalidad de nuestros amigos Guaros que no dudaron en hacernos probar un poco de Cocuy antes de partir, de allí directo a casita, con mil aventuras en la memoria y muchas anécdotas para contar, de nuestra acampada Glamping al estilo La Cepa.

 

Por: Vicky Herrera de Diaz

Abogado venezolana

Turista en formación

Amante de los Viajes

Madre de 5 varones venezolanos

Esposa enamorada de Adolfo Díaz

 


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