Mérida de nuevo!! Buscando Nieve en el Páramo Merideño…!!

Por: Vicky Herrera de Díaz

Abogado venezolana

Turista en formación

Amante de los Viajes

Madre de 5 varones venezolanos

Esposa enamorada de Adolfo Díaz

Llevábamos ya algún tiempo planificando nuestras próximas vacaciones y decidimos escoger una vez más al estado Mérida, movidos por la idea de lograr ver nieve. Nuestras últimas vacaciones en este estado las hicimos durante el mes de diciembre, y escuchamos de manera reiterada que era necesario venir en agosto para disfrutar de una buena nevada, de manera que resolvimos volver en esta ocasión en la temporada sugerida.

En nuestro viaje anterior por Mérida, estuvimos con el quorum completo, nuestros 5 hijos, mi esposo y yo, en un viaje familiar perfecto y hermoso. En esta ocasión ya con los 2 chicos mayores estudiando fuera nos toco pasear solo con los pequeños, con el corazón arrugadito de tanto extrañarlos, con el sabor de la ausencia en cada recuerdo y con unas ganas enormes, de tenerlos aquí disfrutando con nosotros cada momento de estas vacaciones en familia.

La mejor forma de ir a Mérida es hacerlo por carretera, de Cojedes a Barinas la vía está en muy buen estado, es amplia y concurrida. La recomendación siempre es viajar de día, si pueden ir en grupo y con varios vehículos, mucho mejor. Las vistas en el camino son hermosas, el ganado a los lados de la vía, los bosques de Teca y la inmensidad del llano, son parte del paseo y hay que disfrutarlos.

La verdadera aventura comienza al emprender la subida de Barinas hacia el Páramo Merideño. Las cascadas pequeñas y grandes, la transformación del paisaje y la vegetación, la aparición repentina de los Frailejones que dan fe de que ya estas en el Páramo. La neblina, el olor a café y la majestuosidad de las montañas, para mi son de esas cosas que te indican que oficialmente estas de vacaciones y que ha llegado el momento de disfrutar, relajar la vista, regocijarse con los detalles del paisaje y prepararse para los buenos días por venir.

Llegamos a la posada Entre Neblina y Estrellas, queda un poco más delante de la Laguna de Mucubají, son unas cabañas sencillas con un sugestivo nombre que te deja saber lo que hay en el entorno. Lo mas encantador son sus alrededores, un riachuelo pasa discreto muy cerca de la entrada y las vaquitas vienen a refrescarse en él. El clima mantiene todo con un verdor especial y el frío hace imprescindible la reunión familiar cada noche, frente a la acogedora chimenea.

Quedarse en el Páramo trae la posibilidad de disfrutar a plenitud de todas sus bondades, sus paisajes, su clima, su gente, todo con la calma necesaria para no perder detalle. De allí mi siguiente recomendación, es necesario quedarse al menos unos días en el Páramo, para disfrutarlo como lo merece.

A penas llegamos hicimos una parada para comer y luego derechito al Pico el Águila, con todas nuestras esperanzas puestas en una posible nevada. Con la temperatura cerca de los 3 grados centígrados, una fuerte brisa y una llovizna permanente, creíamos firmemente que seriamos testigos de ver caer la nieve, pero no fue así. Por mas frío que soportamos no llego a caer ni un copito de nieve, nos tomamos un buen chocolate caliente y nos fuimos a descansar a la cabaña, para resguardarnos del frío.

Amaneció y nos dirigimos a la Laguna de Mucubají, la vista estaba perfecta para unas buenas fotos y había muy poca gente. La entrada a la Laguna es bastante económica, abren todos los días excepto los martes, cuentan con algunos servicios, como una cafetería con sus baños y caballos para realizar paseos. Nos aventuramos a tomar una cabalgata de unos 45 minutos hasta la Laguna Negra, el trayecto tiene muchas inclinaciones pero a su vez se compensa con los paisajes increíbles. Bosques de pinos, riachuelos, montañas y al final como una recompensa bien guardada la Laguna Negra.

De un intenso color azabache y rodeada de un verdor fresco, con la pausada neblina descendiendo con lentitud, es un lugar que trasmite paz y serenidad, habla la naturaleza y nos muestra imponente toda su belleza, sientes necesidad de estar en silencio, como si cuidaras de la tranquilidad de la cual eres testigo y guardián de excepción.

Regresamos a Mucubají con una llovizna permanente que no permitió que disfrutáramos de la pesca de truchas, era necesario resguardarse. Así que continuamos, tomamos una parada para comernos una buena pizca andina, calientica y deliciosa, para luego seguir al Collado del Cóndor. La entrada al parque es parte del Valle de Mifafi y es uno de los lugares mas alucinantes del Páramo a mi modo de ver, el rio pasa fuerte, imponente y definitivamente hermoso a un lado, el ganado posa esperando las fotos y los cachetes rosados de los talentosos niños andinos llegan de todas partes, buscando un poco de atención y una chuchería a cambio de sus poemas y canciones.

El Cóndor se pavonea solitario en una jaula enorme, abre sus alas gigantescas y todos los presentes nos extasiamos ante su presencia, no hay mucho que ver o que hacer en el lugar, el paisaje maravilloso que lo rodea exige mas, merece mas atención, mas cosas para ofrecer a quienes lo visitan. Provoca quedarse mas tiempo, pero no hay manera de disfrutar mas de tanta belleza, los locales vacíos y la ausencia de alguien que pueda atendernos, nos hace decidir continuar el paseo.

Llegamos a una parada obligatoria El Monumento a la Loca Luz Caraballo, luego de subir la larga escalinata te encuentras con una vista espectacular. Llegas sin aliento pero te espera un calentaito para regresar el alma al cuerpo, mientras el ejercito de niños los encargados de contar la historia suben y recitan a mil voces el poema de Andrés Eloy Blanco que se saben de memoria. Si se les olvida algo no pasa nada, un empujón del compañero de al lado le refresca la memoria de inmediato.

Culmina nuestro día frente a la chimenea acurrucándonos con la excusa del frio con nuestros tres amores mas pequeños, extrañando a los mas grandes y disfrutando del mejor chocolate caliente de la zona y del mundo entero, hecho con el amor de mi esposo para todos nosotros.

Amanece y nos vamos rumbo a la Posada Pie Grande, un poco después de Apartaderos en la Mucuchache, nos atiende Luis Eduardo Muñoz, el dueño de la Posada en el acogedor salón donde reúne a sus huéspedes. Tiene una chimenea alucinante, calefacción, parrillera, espacio para juegos de mesa y una vista increíble de las montañas. Nos cuenta todo sobre la Posada, el origen de su nombre, los inicios del lugar y los atractivos que ofrece, uno de los mas particulares las Motos y carros 4×4.

Para comenzar el paseo en 4×4 Luis Eduardo nos explica todo lo necesario para el correcto uso del vehículo. Luego hay que hacer una prueba en una pequeña pista dentro de la posada, superado esto salimos bordeando el rio rumbo a la montaña. Nos acompañan varios de los perros de Luis Eduardo, nos explica que deben venir con nosotros, porque en ocasiones el ganado molesto por compartir la vía con los carritos hacen lo posible para sacarlos de la vía. Así que los perros ayudan a protegerse de cualquier eventualidad y definitivamente logramos constatarlo. Un enorme toro trató de hacer gala de su fuerza y se consiguió con el valiente perrito que a pesar de ser mucho mas pequeño no dudo en enfrentarlo, se convirtió en nuestro Héroe canino.

Hacemos varias paradas en el trayecto que dura aproximadamente 1 hora, Luis Eduardo va explicando todos los detalles del entorno, este es un paseo que acostumbraba hacer en familia. Sus hijos ya no están aquí, pero el generosamente comparte la experiencia de recorrer este hermoso lugar con quienes lo visitan. Son varias las pruebas que debes pasar en la ruta, al llegar de vuelta a la Posada victorioso recibes tu licencia que te acredita como buen conductor de estos particulares 4×4.

Paramos a comer, queríamos almorzar en la Casa del Páramo, pero no fue posible, no estaba abierto al público, aún no estábamos dentro de la temporada vacacional, que es cuando abren por completo el local. Sin embargo con especial amabilidad no dudaron en ofrecernos un buen café y acordamos desayunar al día siguiente, abrirían solo para atendernos, todo un privilegio.

Nuestro próximo destino era el Observatorio Nacional de Hato del Llano, abre solo de viernes a domingo de 3 de la tarde a 7 de la noche, por lo que aún teníamos algo de tiempo. La temperatura estaba bastante baja y comenzó a llover, así que revivieron las esperanzas de una nevada y nos fuimos al Pico el Águila, nos quedamos dentro del carro con absoluta fe de que podía suceder… Veríamos al fin la tan anhelada nevada?.. transcurrió casi una hora y nada, con el desespero de los niños por el encierro y la decepción por no ver nieve, decidimos desistir una vez mas de la idea. Nos dirigimos al Observatorio.

El Observatorio queda ubicado en Hato del Llano, en la misma vía del Collado del Cóndor y del Pico el Águila, hay que desviarse un poco antes y tomar una carretera algo angosta, pero con un buen paisaje para disfrutar. Hato del Llano, luce un poco solo y descuidado, a penas llegas al pueblo te desvías y ya estas en el Observatorio Nacional, Centro de Investigación de Astronomia Francisco J. Duarte (CIDA), nuestra última parada del día.

Llegamos un poco temprano, el recorrido consiste de una charla breve seguida de un grupo de videos cortos relacionados con el espacio, amigable muy bien dirigido al público infantil, todo en el edificio principal. De allí sale el público completo a buscar sus vehículos para subir a los edificios que se encuentran ubicados en la parte superior del Observatorio, ingresamos en grupo para escuchar una charla sobre el funcionamiento de los equipos de observación. Las cúpulas permanecen cerradas hasta que comience a oscurecer, por lo que bajamos a recorrer una especie de exposición pequeña contentiva de la historia del Observatorio, culminado el recorrido había que esperar que comenzara a oscurecer para disfrutar de la apertura de la cúpula y si el clima lo permitía de la observación del algún planeta.

Nos fuimos al cafetín a tomarnos un chocolatico caliente para calmar el frio y a comernos unos pastelitos andinos que nunca pueden faltar. Hacía muchísimo frio, faltaban algunas horas para que oscureciera, pero realmente queríamos disfrutar la experiencia completa, así que decidimos esperar. Mi recomendación particular es tratar de llegar lo mas tarde posible, siempre antes de las 7 de la noche, a esa hora cierran las puertas y ya no dejan ingresar al público, pero si estas adentro puedes permanecer en las instalaciones aún pasadas las 7 de la noche, la experiencia de observación es necesaria y por eso es mejor llegar cerca de la hora en que comienza a oscurecer.

Apenas oscureció el cielo despejado nos regaló una panorámica hermosa repleta de estrellas. Presenciamos la apertura de la cúpula y luego de hacer fila llegó el momento de mirar a través del telescopio. Observamos a Júpiter con todos sus satélites naturales alrededor, te da la impresión de que estas cerquita y te emociona saber que tus ojos ven algo tan complejo y tan lejano como lo es un planeta. Los niños observaron curiosos, preguntaron emocionados y salieron satisfechos con la misión cumplida. No vimos nieve, pero el cielo generoso se despejó para nosotros y nos mostró lo que hay mas allá de él, lo disfrutamos!!

Amanecimos en nuestro último día en el Páramo, esa mañana bajaríamos a la ciudad, nos despedíamos del Páramo y muy probablemente de la posibilidad de ver la nieve. De acuerdo a lo pautado el día anterior nos detuvimos en la Casa del Páramo, nos quedaba en la vía, así que paramos a desayunar. El sitio es encantador, un ciclista, un artista plástico y el genial Laurenzy le dan vida a este lugar. Por donde te asomes hay arte, creatividad y buen gusto. Es una tienda repleta de curiosidades, obras de arte y detalles genuinamente Merideños. En su corazón se ubica el restaurante, acogedor, sencillo y muy lindo. Nos prepararon un desayuno espectacular, típicamente andino, mientras Laurenzy, conversaba y nos contaba sobre todas las cosas maravillosas que pueden disfrutarse en este lugar. En ocasiones tienen música en vivo, puedes disfrutar un buen vino cerca de la chimenea, una muestra de la típica gastronomía andina o simplemente un delicioso chocolate caliente, un sitio genial, en absoluta armonía con su entorno.

Nos despedimos de Laurenzy y seguimos rumbo a la ciudad, nuestro próximo hospedaje estaba ubicado en los Llanos de Tabay, dejamos atrás la posibilidad de ver una nevada, aunque manteníamos nuestras esperanzas mientras estuviéramos cerca. Continuamos ese trayecto mágico rumbo a Mérida, esa carretera rodeada de pueblitos y paisajes encantadores, la primera etapa de este viaje había culminado.

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Fotografías: Adolfo Díaz

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