La Ciudad de Mérida y sus Lugares que Enamoran!!

Por: Vicky Herrera de Díaz

Abogado venezolana

Turista en formación

Amante de los Viajes

Madre de 5 varones venezolanos

Esposa enamorada de Adolfo Díaz

Luego de un desayuno delicioso en la Casa del Páramo, nos dispusimos a iniciar el camino hacia nuestro nuevo destino. Nos dirigíamos a los Llanitos de Tabay, un pueblo muy cercano a la ciudad de Mérida. La idea era ubicarnos lo mas próximos a la ciudad para disfrutar de esta nueva etapa de nuestras vacaciones, Mérida y sus lugares que enamoran.

Del Páramo a la ciudad hay un trayecto bellísimo de unas dos horas aproximadamente. Desciendes por la vía del páramo y el camino esta repleto de casitas de ensueño, lugares tranquilos, acogedores, sencillos. Cada rincón se parece un poco al lugar ideal donde te gustaría quedarte. El clima va cambiando a medida que avanzamos, en lo que menos te das cuenta ya esta haciendo calor afuera y nosotros con guantes, bufanda y chaquetas dentro del carro.

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Con la orientación del Sr. Henry llegamos a nuestro siguiente hospedaje, Cabañas Los Manantiales. No se ve desde la vía principal, está al final de una calle cerrada, lo que lo hace un lugar muy seguro. Es una casa enorme, dividida en varios espacios familiares, con diferentes distribuciones. Todo esta bastante nuevo, muy bien equipado y con un concepto moderno. Henry Salgado, su propietario es Arquitecto, él diseñó todo el lugar, las cabañas son cómodas y espaciosas. Tienen todo lo necesario para unos días de descanso en familia. Hay espacio suficiente para estacionar y un área para hacer parrillas al aire libre con la mas espectacular vista a la imponente y majestuosa Sierra Nevada.

Dejamos nuestras cosas en la Cabaña los Manantiales y seguimos a Mérida, si queríamos subir al teleférico al día siguiente era necesario comprar las entradas con anticipación. El horario de venta de tickets fuera de temporada es de 8 de la mañana a 1 de la tarde. Si es temporada alta puedes escribirles un correo por Boletería Premium Express, con unos días de anticipación y ahorrarás tiempo.

Llegamos al teleférico y logramos comprar las entradas rápidamente, había muy poca cola. Cerca de la Plaza las Heroínas que es justo donde se encuentra la sede del Teleférico, hay estacionamientos seguros para guardar tu vehículo, también se concentran allí muchísimos operadores turísticos, con excelentes sugerencias de lugares para visitar, organizan todo tipo de excursiones y paseos si no tienes vehículo, resulta un lugar perfecto para planificar qué hacer. Si quieres ir al teleférico contáctanos.

Resuelto el tema de las entradas, nos fuimos derechito al Parque Jardín Botánico, teníamos dos objetivos muy claros allí, subir al Sendero Aéreo y conocer el parque Biocontacto que tanto nos habían recomendado.

Llegamos al parque, en la taquilla principal puedes decidir lo que quieres hacer. Nosotros teníamos todo muy claro, pero de igual forma, la información que te brindan allí, te permite organizarte rápidamente. Llegamos un poco después de medio día, nos recomendaron ver la función que ofrecía Biocontacto para el final de la tarde. Así que nos fuimos en primer lugar al Sendero Aéreo.

Hay que recorrer casi todo el jardín botánico hasta el final por la caminería, luego sigues las señales por el bosque y no muy lejos encuentras una pequeña cabaña, donde esperan los muchachos que organizan el sendero aéreo. Son todos muy jóvenes, pero súper responsables y preparados, el pago se realiza por transferencia allí mismo en el lugar. Una vez coordinado todo te colocan el equipo de seguridad y te explican la ruta. Hay una sencilla y una extrema, ninguna de las dos es apta para gente como yo, alérgicos a las alturas, para ser sutil conmigo misma.

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Por supuesto que ya tenía muy claro que no subiría. De mis hijos solo se animaron a hacerlo Pedro y Rubén, por su estatura sólo tenían permitido tomar el trayecto sencillo, que de simple no tenía nada. Debían subir a un árbol enorme por una escalera, luego pasar varios puentes colgantes entre las copas de los árboles y de allí dos tirolinas, una mas larga y alta que la otra. Grabé un video casi a ciegas me costaba mucho mirarlos sin sentir pánico, sudé y temblé, pero los animé desde la seguridad del suelo que yo sí pisaba. Ellos, relajadísimos, felices, emocionados, terminaron su trayecto dejaron los equipos de seguridad y nos fuimos de nuevo a la entrada del parque, era hora de entrar a Biocontacto.

El parque Biocontacto comparte la entrada con el Jardín Botánico, ingresas por un sendero corto a un lado del estacionamiento, al llegar te reciben ansiosos los guías. Jóvenes estudiantes que en su mayoría de manera voluntaria se han dedicado a aprender y a enseñar con absoluta devoción. Conocen y comunican con mucha facilidad y sencillez, todo lo que saben sobre las especies que cuidan en este lugar.

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Es un espacio abierto donde diferentes tipos de animales conviven, casi en plena libertad. Algunos están resguardados especialmente porque se encuentran en recuperación. La gran mayoría de ellos llegan allí por decomiso de las autoridades, o por rescate que hace algún particular. Son unos conocedores de cada especie que cuidan, con absoluta humildad expresan que aprenden de cada animalito que reciben, no se trata de una labor improvisada, se trata de un acto profesional, responsable, humano y respetuoso de la naturaleza. Son esmerados en lo que hacen, trabajan con cariño, eso lo sientes y lo percibes en la amabilidad y en la fluidez con la que se desempeñan todos. Es un lugar simplemente increíble.

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Biocontacto es la casa de uno de los pocos Cóndor en existencia. Nos cuentan que él y el profesor José Subdiaga, estuvieron haciendo campañas educativas por muchos años, hasta que finalmente, sumados al esfuerzo de otros soñadores lograron fundar este bello lugar.

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Esperar la exhibición del Cóndor fue una gran idea, no habríamos podido conseguir una mejor forma de finalizar nuestro recorrido. Escuchamos, aprendimos y compartimos con muchas de las especies del parque de una manera divertida, amena y diferente. Mis hijos no olvidarán que tuvieron en sus brazos una pitón albina y que le dieron teterito a una bella ovejita bebé. Involucran a los chicos de tal manera que todo resulta interesantemente entretenido. Sin dudas uno de los mejores momentos de nuestro viaje.

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Nos levantamos muy temprano para asistir al Teleférico, emocionados porque aunque ya habíamos ido anteriormente, en esta ocasión la vista desde la posada nos indicaba que había nieve a lo lejos… Sería posible verla de cerca? Ansiosos recorrimos las primeras estaciones, hasta toparnos con la noticia de que la última de ellas, no estaba en funcionamiento.

Llegamos a la cuarta estación y desde allí contemplamos con añoranza nuestro tan preciado tesoro blanco. Sin embargo, nos llenó de ánimo tomar muchas fotos con la nieve al fondo, no lo logramos, pero estábamos felices por todo lo disfrutado, la nieve a lo lejos simplemente era un símbolo que nos indicaba que no siempre tenemos exactamente lo que buscamos, pero sin dudas lo mas divino es disfrutar el trayecto en esa búsqueda. El camino forma parte del viaje, y vaya que lo estábamos pasando bien.

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De regreso a la ciudad nos fuimos a la tradicional visita al Mercado, es una parada imperdible, no puedes irte de Mérida sin haber sido tentado por los colores y variedades de los diferentes puestos que lo componen. Aromas, tonalidades y sabores se pasean mientras caminas y recorres sus pasillos. Necesariamente hay que probar las peculiares bebidas típicas, los dulces, los pasteles, en fin, hay que disfrutarlo con los cinco sentidos en pleno para sentirte en los Andes Merideños.

En nuestro último día en la ciudad, por recomendación de Yelitza Hernández de Viajes Tapuey, nos desviamos en el Páramo de la Culata hacia el Sector Monterrey. Hay que seguir la vía unos 20 minutos y luego de pasar el Bosque de Pinos, donde te quedas pasmado de tanta belleza, sigues la vía y llegas a la calle los Pinos, un poco mas adelante consigues las instalaciones de la Truchicultura, luego una cerca de madera, al pasarla continuas unos 300 metros más y finalmente llegarás a La Casa del Ángel del Sol. 

No nos esperaban, pero igual nos reciben sonrientes sus propietarios, la Sra. Michell Ataroff y el Sr. Pascual Soriano, ambos son biólogos, profesores de la Universidad de Los Andes. Conocedores especialistas y amantes de las aves. Conversar con ellos resulta toda una experiencia, la casa está ubicada en pleno bosque con una espectacular vista a la Sierra con sus picos nevados. El clima es propicio para que abunden diversas especies no sólo de aves sino también de fauna y flora en general.

Los Andes Mérideños albergan unas 14 especies diferentes de Colibries, hay uno muy especial, endémico de la zona, el Ángel del Sol. Con colores tan vivos y llamativos como sus rápidos y perfectos movimientos. Los ves pasar confiados y dichosos, te sorprende verlos tan cerca, de una manera tan breve que te hace estar muy atento para poder detallarlos. Son tan veloces que te hacen sentir ansioso de poder contemplarlos con calma. Allí comienza la explicación del Profesor Pascual, hablando sobre la necesaria paciencia para esta actividad, atentos escuchamos sus indicaciones y nos disponemos muy obedientes a seguir cada paso sugerido.

Colocaron diferentes bebederos con una mezcla de agua con azúcar. La intervención humana en los medios de alimentación que la naturaleza proporciona, genera un compromiso que perfectamente asumen con toda responsabilidad los propietarios del lugar. Comprenden que tienen el reto de atenderlos y honran con su dedicación esta promesa con la naturaleza.

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Esta actividad expresa de manera silenciosa muchas cosas súper importantes. Paciencia, necesaria para esperar con calma y tranquilidad hasta lograr la confianza indispensable para que los Colibríes se acerquen a tu mano. Responsabilidad, de tener en tus manos una criatura tan frágil y pequeña creyendo en tu disposición para alimentarlo sin lastimarlo. Admiración, al ver tanta perfección en sus colores y movimientos, todo tan diminutamente exacto.

Escuchar las instrucciones del Prof. Pascual es un aprendizaje de vida, un manual repleto de lecciones para aprender. Nos maravillamos ante tanta hermosura y nos entregamos a vivir a plenitud esta experiencia de vida.

Seguimos la ruta hacia el Páramo de la Culata, llegamos a Ecowild, un lugar enorme, con una gran gama de actividades para todos los gustos. Tienen algunas habitaciones, restaurantes, parques, actividades extremas, granja de contacto, motos de cuatro ruedas, en fin, lo que necesites para disfrutar de uno o varios días en la zona.

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Nosotros llegamos un poco antes del medio día y había muy poca gente, razón por la cual tuvimos tiempo de adelantar algunas cosas. Todo funciona con una tarjeta que adquieres y que debes recargar para utilizar la mayoría de las atracciones Una vez hechos los ajustes nos fuimos a las motos de cuatro ruedas y luego a almorzar en un lugar encantador en las laderas del río.

Disfrutamos de un espectacular almuerzo ligero en un paisaje increíble. Hay mucha variedad para escoger, el clima y el paisaje de verdad generan todo lo necesario para pasar un rato súper agradable. Al salir de este espacio idílico nos encontramos con que ya había llegado muchísima gente y habían filas enormes para casi todas las atracciones, así que una tirolina por acá, otros brincos por allá y la tarde se nos fue súper rápido. No es de los lugares más económicos, pero si una buena opción para pasar un rato diferente.

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Amanecimos en nuestra última mañana en Mérida en pleno cumpleaños de Adolfo, nos esperaban en Barinas para celebrarlo. Así que nos apresuramos a organizar todas las cosas para tomar la vía bien temprano. Teníamos una última recomendación de nuestra amiga Yelitza, en la misma vía hacía el Páramo debíamos pasar Escaguey y a mano izquierda conseguiríamos un lugar llamado la Casa Encantada de Juan el Molinero. Llegamos sin mayor dificultad, con mucha inquietud por todo lo que nos habían contado. El desayuno que ofrecen es delicioso y muy completo. Una vez disfrutada la primera comida del día, con las energías recargadas por demás, nos fuimos a recorrer el lugar. Tienen unas habitaciones muy cómodas y hermosas, pero además cuentan con algunas particularidades de las cuales ya nos habían hablado.

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Aquí se encuentra el primer molino de trigo que data de 1843, su estructura esta bastante conservada, por lo que es fácil entender como funcionaba todo para la época. El recorrido es breve y entretenido, interesados escuchamos todo lo que tenían para contarnos. Al salir del molino te llevan a la Casa Encantada, donde antes de entrar debes escuchar un relato relacionado con esta peculiar casa. Resulta que Juan quería dejar sus estudios y casarse, su padre al escuchar esta propuesta accedió, sin embargo le pidió que construyera su propia casa como muestra de que estaba listo para su nueva vida. Juan lo hizo, pero con la particularidad de que la casa quedó con algunos detalles que van explicando a lo largo del trayecto y que forman parte de este especial recorrido. Todo funciona de manera muy extraña por lo que se dice que la Casa de Juan estaba Encantada.

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Es una divertida travesía con misterio y diversión incluida, la muy marcada inclinación de la casa genera efectos interesantes y graciosos a la vez, hay que seguir las instrucciones al pie de la letra, y dejarse llevar. Con toda seguridad un ingenioso recorrido que te dejará pensando para tratar de entender lo vivido. No les cuento mas detalles, la idea es ir a la Casa de Juan y disfrutar de este encantador paseo.

Continuamos la ruta vía Barinas, nos esperaba la Posada Don Marcos con todo listo para celebrar el Cumpleaños de Adolfo. Nos despedimos del Páramo y de esta ruta mágica que te invita a soñar con montañas, manantiales y cascadas que aparecen de repente para distraer la mente. Con nieve que solo admiramos de lejos, pero que igual disfrutamos. Con lugares y personas que nos muestran una Venezuela bonita de gente que inspira, que lucha y que no se rinde jamás.

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Fotografías: Adolfo Díaz

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