Enredos de Aeropuerto

Por  Cosme G. Rojas D.

Mayo de 2019

Twitter @cosmerojas3

www.rojascosme.wordpresss.com

 

Transcurría el jueves 26 de enero de 2013, en Dallas Texas, finalizaba una jornada de entrenamiento y me disponía a regresar a Venezuela. Debía tomar un vuelo saliendo desde el aeropuerto de Dallas a las 2:00 p.m. con rumbo a  Atlanta, luego desde allí tenía conexión hasta el aeropuerto de Maiquetía, que le da servicio a la ciudad de Caracas. Ese mismo día algunos compañeros del curso habían planificado un paseo para el Museo de Kennedy  lamentablemente me lo iba a perder, pues la hora de regreso al hotel estaba muy próxima a mi salida y no quería correr el riesgo de perder el vuelo.

Salí del hotel en Dallas hacia el aeropuerto con tres horas de anticipación y al proceder con el registro comenzó mi extraña aventura.

Me tocó el turno en la taquilla de atención y de acuerdo al procedimiento me dicen:

  • Buenos días señor, hacia donde se dirige.
  • Mi destino es Caracas Venezuela, con escala en Atlanta.
  • Señor todos los vuelos hacia Atlanta están cancelados, por una fuerte nevada, ese aeropuerto está cerrado hasta nuevo aviso.
  • ¿Cómo? y entonces ¿qué alternativa me ofrece?
  • Le recomiendo que re programe su regreso para el lunes de la próxima semana; los pronósticos del tiempo predicen que por lo menos hasta el domingo persistirá esta situación.
  • Eso de quedarme unos días más no está dentro de mis planes y tengo compromisos que atender.
  • ¿Quién pagaría por mi estadía durante esos días extras?
  • En eso no lo puedo ayudar, la aerolínea no es responsable del mal tiempo, se trata de un caso fortuito.
  • Seguramente usted me puede ofrecer otra opción, para llegar a Maiquetía, a través de otras conexiones.
  • No es posible, los sistemas están colapsados.
  • Enseguida llamó al próximo pasajero, con tono cortante, diciendo “Next”.
  • Un momento usted debe ayudarme. No puede dejarme desatendido.
  • Lo siento señor, lo mejor que le puedo recomendar es que venga mañana a partir de las 4:00 a.m.  a ver si tiene suerte y le podamos conseguir una ruta hacia Caracas.

Frustrado y confundido, procedí a llamar a mis compañeros que aún permanecían en el hotel y ellos me apoyaron en reservar la habitación por una noche más. De regreso al hotel sin pensarlo mucho dejé las maletas y tomé un taxi para el Museo Kennedy. No quería perder la oportunidad de visitar este emblemático e histórico lugar; este es otro interesante relato que requiere especial atención.

De nuevo en el hotel me dediqué a ver las noticias para entender la situación. Efectivamente los reportes de Atlanta eran la gran noticia de todos los canales informativos, abundaban los detalles de lo que estaba ocurriendo. En la televisión los periodistas comentaban que hacían más de 50 años que no se presentaba una nevada importante en Atlanta. Esa ciudad no estaba preparada para afrontar esta situación y la reacción era lenta, estaban recibiendo apoyo de otros estados de ese poderoso país. Las personas dejaban estacionado sus vehículos en plena autopista y caminaban a los locales comerciales para refugiarse del frio. Reinaba un caos total.

A las 4:30 a.m. del día viernes 27 de enero me dirigí de nuevo al aeropuerto, a ver si corría con suerte de conseguir como llegar a Caracas. Me recibieron de manera amable y me ubicaron en una ruta peliaguda: Dallas – Detroit- Atlanta – Maiquetía. Tomaron mi maleta y me entregaron los pases de abordaje. No entendí el porqué de semejante enredo, pero no discutí por temor a quedarme sin opciones. Es importante destacar que el Aeropuerto Internacional de Dallas-Fort Worth es el tercer aeropuerto más ocupado del mundo en términos de operaciones aéreas, mientras el de Atlanta es el segundo más transitado del mundo por tráfico de pasajeros después del aeropuerto de Londres-Heathrow, pero además el primero por aterrizajes y despegues. En ese intrincado mapa estaba trazado mi itinerario. Dos monstruos de aeropuertos, inmensos, complejos y con una interacción de elevados movimientos de personas y conexiones.

Me dirigí a la puerta de embarque con destino a Detroit, me posé en una cómoda poltrona y me adormité. Habían transcurrido unos 30 minutos de espera y me despertó un llamado por los parlantes:

  • Atención señores pasajeros “se anuncia que el vuelo número 070 con destino a Detroit, tendrá un retraso de dos horas en su salida”.

Tuve una mala corazonada y enseguida revisé mi ajustado itinerario; efectivamente ese cambio echaba todo a perder. Perdería la conexión de Detroit a Atlanta. Me dirigí nuevamente a la taquilla de confirmación de vuelos. La señora que me atendió, me dijo bruscamente:

  • Estos pases ya no funcionan.

Y los rompió. Me quedé absorto  y reclamé:

  • Entonces, ¿cómo me van ayudar?
  • Lo lamento señor no hay posibilidades de vuelo hacia Atlanta hasta el próximo martes.
  • Llamé el lunes después de mediodía para que le sea asignado un vuelo.
  • ¡Esto es inaudito!
  • Ya le expliqué señor, lo lamento. Y enseguida pronunció la odiosa sentencia: “Next”
  • Le dije un momento ¿Está segura que no hay ningún vuelo para Atlanta?
  • Sólo hay uno, sale a las 12:30 p.m. pero está sobrevendido.
  • Bueno colóqueme en lista de espera.
  • No puedo hacer eso, pero si usted quiere correr el riesgo diríjase a la puerta de embarque y consulte allí, pero le anticipo hay varias personas en su misma situación.

Me dirigí a la taquilla del vuelo:

  • Buenos días señor ¿En qué le podemos ayudar?
  • Buenos días deseo ser incluido en la lista de espera, para el vuelo con destino a Atlanta.
  • Señor ese vuelo está completamente lleno y tenemos 8 personas por delante de usted.
  • Bueno por favor inclúyame como el noveno.

Por fin después de tanto esperar anuncian la salida del vuelo y llaman a los pasajeros a abordar por orden de filas. Veinte minutos después comienzan a llamar de manera insistente a cuatro pasajeros que faltaban para llenar el avión, con sus nombres y apellidos, y repiten este procedimiento por tres ocasiones.

  • Último llamado para abordar al Señor Jhon Pereira.
  • Como el señor Pereira no está.
  • Se anuncia la llamada al primero pasajero en lista de espera y escuché el nombre de una afortunada dama.

Ella lucía como una típica norteamericana. Se levantó de su asiento, como activada por un resorte,  y gritó “yes”, mientras movía su antebrazo derecho hacia su tronco con el codo flexionado. Parecía tan emocionada por abordar el vuelo, que cualquiera pensaría que se había ganado un premio millonario.

Continúa el proceso:

  • Último llamado para abordar el vuelo 040 con destino a Atlanta al Señor Robert Black.

Como no se presentó:

Llamaron al segundo de la lista de espera y enseguida se presentó. Mi angustia crecía. Al llegar la última posibilidad que me quedaba me fluía adrenalina pura. Llamaron a la cuarta persona de la lista de espera y estaba a unos pasos de la taquilla, atenta e impaciente para subir a la aeronave. Durante unos pocos segundos me sentí derrotado. Bajé la cabeza y pensé no todas se pueden ganar; pero enseguida me repuse y me dije: si he de perder la oportunidad que no sea por desistir.

Mientras tomaba nuevo aliento, anuncian en los parlantes que el vuelo había sido cerrado.

Aún así me dirigí a la taquilla y le comenté mi atropellada aventura a la señora que se disponía a cerrar la puerta del puente de embarque. Aquella cara impávida, me revelaba que  no me estaba prestando atención, levantó la mirada por encima de los lentes y me refutó con autoridad:

  • Señor usted no escuchó: “el vuelo ha sido ce-rra-do”.

Se estaba dando vuelta para terminar la conversación, cuando le respondí con el más conciliador tono que me fue posible:

  • Sólo le pido que por favor revise en el sistema lo que ha ocurrido con mi caso, mientras le entregaba mi pasaporte.

Con marcado desgano tomó mi pasaporte; ingresó mis datos y para mi sorpresa la vi estremecer la cabeza, seguía tecleando y su asombro crecía. Luego exclamó:

  • ¿Quién ha hecho este desastre de itinerario?
  • Lamento decirle que algún compañero suyo.

Frunció el entrecejo con la vista fija en la pantalla, mientras seguía pulsando las teclas con gran velocidad y observaba los resultados arrojados por el terminal. Permanecí mudo, para no entorpecer, y con la esperanza de que me dijera algo. Luego de unos minutos, que me parecieron horas, me preguntó:

  • ¿Usted está listo para abordar inmediatamente el avión?
  • Por supuesto que sí, aquí traigo mi equipaje de mano.
  • La cabina está completamente llena y no cabe más nada, pero se lo puedo enviar por equipaje de bodega y usted lo retirará directamente en Maiquetía.
  • Perfecto, pero escuche estoy preocupado por la maleta que entregué esta mañana, no sé cuál será su paradero y me pregunto ¿Me llegará a Maiquetía?
  • No se preocupe eso ya está resuelto. Usted tranquilícese y venga conmigo, apúrese.

Al fin todo parecía solucionado. Comenzaba a caminar hacia el puente que comunica con la aeronave Cuando de repente apareció gritando una persona, quien se identificó como Robert Black. Mostró su tiquete y reclamó para que lo abordaran. La respuesta fue contundente lo siento señor Black:

  •  El vuelo ya fue cerrado.

Acto seguido la operadora me dijo:

  •  Siga adelante, usted ya está registrado en el vuelo.

Justo en la puerta del avión la señora, que con diligencia había resuelto mi situación, me detuvo un instante y  me dijo quiero presentarle a una persona. Yo seguía estupefacto y ella me preguntó:

  • ¿Usted tiene idea de quién es este caballero?

Le respondí:

  • No tengo la menor pista de quien pueda ser, pero me da mucho gusto conocerle.

Y seguidamente le estreché la mano al caballero.

  • Pues es uno de nuestros excelentes pilotos; él tenía previsto tomar este vuelo y nos informó, hace unos minutos, que se le presentó un imprevisto y por lo tanto no volaría hoy para Atlanta. Es decir usted va a ocupar su puesto en el avión. De manera que es a él a quien debe agradecer su repentino cupo.

Un tanto relajado bromeé:

  • ¿Cómo?, ¿acaso voy  a volar en la cabina del piloto?
  • Mi licencia de conducir es de tercera y no creo que sirva para mover estos artefactos.
  • No, usted se va para la última fila del avión.
  • ¡Ah, ok!

Caminé hasta el final del pasillo hasta el último puesto en la ventana y me sentía aún acelerado pero satisfecho. En realidad tuve otra serie de contratiempos antes de llegar a Maiquetía pero nada comparado con estos episodios.

Luego de pasado el agite de esta experiencia de viaje, seguí convencido de que viajar es vivir. No es sólo por el someterse al contraste con otras culturas, sino además por la oportunidad de salir de la zona de confort.

No te rindas, porque a veces no se sabe que tan cerca se puede estar de alcanzar la meta.

 

Mi primera vez en Margarita

Por Elines Uzcategui

@eliuzk

Venezolana

Apasionada por la Lectura y la Escritura

T.S.U. en Publicidad y Mercadeo

Social Media Manager

Creadora de la Agencia de Marketing Digital Owl Team Media

@owlteamedia

Facilitadora de la Fundación Empresas Polar

Parte importante del Team Kapui Wan y del Team Buho

 

Me encanta viajar y más si es para conocer  Venezuela, tengo unos años en los que mi enfoque ha estado en hacer crecer una agencia digital junto con mis socias y andamos trabajando para luego hacer esos viajes que tenemos en lista.

 

Mi primera vez en Margarita nunca lo imaginé así, tampoco sabía que eso que tanto me apasiona me llevaría hasta allá, hasta que Vicky de Viajes Kapui Wan con quien tenemos tiempo trabajando nos llega con la noticia de que hay un Taller “Marketing Travel” es un fin de semana al Norte de la isla, esto nos emocionó a todas de querer asistir para conocer a fondo cómo funciona una marca de turismo, intercambiar ideas con otras personas del medio y vivir una experiencia distinta. Entre mis socias y yo tuvimos que sortear quien iría al taller, para mi sorpresa en el papelito salió mi nombre.

 

Preparamos todo para que el viaje saliera perfecto, Kapui Wan obviamente se encargó de mi pasaje ida y vuelta con Conviasa y me leyó la mente se va y regresa en la tarde. La verdad fue la mejor opción para terminar de atender mis cosas antes de salir y de disfrutar un poco más antes de venirme. Llegué a Maiquetía 3 horas antes por ser vuelo nacional, están haciendo unas remodelaciones así que pendientes con el polvo, nunca está de más en chequear su puerta y su vuelo, es muy raro que salgas por la puerta que te marcaron. Salí a tiempo, el día estaba despejado para ver todo y el trayecto que normalmente tarda 50 mins fue de 35mins, una maravilla.

 

Al llegar me recibió César, con quien había hablado del grupo de whatsapp del taller, súper amable, es de la isla y en el camino le pregunté muchas cosas de las cuales me respondió todo sin rollo. Llegué al hotel LD Suites Punta Playa hice check in y me recibieron con un coctel en un vaso bombillo, me llevaron a mi suite junior porque este hotel no tiene habitaciones sino todas son suites súper cómodas con habitaciones, salas, cocinas, baños y balcones.

 

Una preocupación que tenía para el viaje era la situación nacional de la energía eléctrica, en varias oportunidades se fue y el hotel cuenta con su planta que se activa en apenas 5 minutos. Las áreas comunes y las habitaciones cuentan con el servicio además algo que me encantó es que toda la isla cuenta con un sistema de desalinización de agua, así que esto tampoco falta, incluso la piscina, se agradece porque es amigable con el ambiente, es fácil de mantener y olvidas las consecuencias del cloro.

 

El taller “Marketing Travel” fue organizado por Rafael de Faeltours, el facilitador fue Efren García mejor conocido como Coach Viajero y Eco Viajera Venezuela quienes nos dieron herramientas interesantes para potenciar nuestras Marcas. Uno en este mundo de las redes sociales trata de estar al día, de aprender sobre todo de las experiencias de los demás para seguir dando la talla, el que diga que lo sabe todo pronto será olvidado.

 

 

Fueron 3 días maravillosos donde conocí gente que ama Venezuela, que apuesta por ella y por sus sueños, donde nos atendieron increíble gente amable, que está contenta con lo que hace, escuché historias, aprendí más allá de las redes sociales, la verdad viví otro mundo en tan corto tiempo. Mi regreso fue perfecto y a tiempo, no me quería venir, les comento que el aeropuerto Santiago Mariño es pequeño pero tiene los servicios básicos que se necesita para viajar y así me despido de mi primer viaje a Margarita, que me prometí volver por supuesto por más tiempo y acompañada.

 

Crónicas de un viaje esperado

Estas líneas están dedicadas a Patricia y a Victor.

Viajar, ¡ay viajar!; es definitivamente una excitante forma de vivir y mucho más placentero si se hace en familia.

Llevábamos 15 meses sin ver a Patricia y más de dos años sin ver a Victor. Ellos hicieron todos los arreglos para encontrarnos en Miami. Elaboraron un plan detallado, muy propio de la forma como estos chicos hacen todo. Compraron los boletos por la aerolínea American Airlines para el 26 de marzo con retorno el 9 de abril. Todo lucía en perfecto orden, pero como solía comentar un antiguo profesor “los planes no son perfectos porque el mundo no lo es”.

Para nuestro permanente asombro, Venezuela es la tierra de las sorpresas. Las noticias se generan y actualizan a velocidad de vértigos. Estalló una gran crisis eléctrica, la nación entró en un auténtico blackout por más de 72 horas en la Capital. En el interior de la república la situación fue aún peor. No se sabía si por esta razón o por la inminente alarma del cambio político American Airlines suspendió sus vuelos desde y hacia Caracas. A pesar de esta resolución, la aerolínea aseguraba que nuestro vuelo del 26 de marzo estaba confirmado. Eso no nos daba total tranquilidad, por el contrario  continuábamos aturdidos, evaluando un plan alterno. Decidimos mantenernos atentos, observando los acontecimientos y dispuestos a hacer ajustes de última hora. Afortunadamente teníamos cierta flexibilidad para mover las fechas y la mejor disposición para tomar rutas alternas. Dámaris decía si tengo que cruzar una trocha, para verlos y abrazarlos, lo haré.

En nuestro seguimiento diario hasta el sábado en la noche del 23 de marzo la aerolínea aseguraba la vigencia de nuestro itinerario. El domingo 24 de marzo, la situación cambió; a las 7:00 a. m. Dámaris me despertó con el bombazo de  que el vuelo había sido cancelado. Tuvimos que correr, para buscar un plan alterno. Gracias a la diligente, experta y especial dedicación de mí querida sobrina Vicky, de su esposo Adolfo y de la agencia de viajes de ellos “Kapui Wan”; conseguimos hacer un nuevo arreglo. La ruta nueva fue partiendo un día antes y regresando un día después con otra aerolínea. La verdad es que el apoyo de Vicky fue decisivo para cumplir este sueño, por eso le estamos sinceramente agradecidos.

En Venezuela uno se puede morir de cualquier cosa menos de aburrimiento. Así que, el día de nuestra salida, partimos con sobrado tiempo para el aeropuerto de Maiquetía. Llegamos a las 10:00 a. m. y el vuelo debía zarpar a las 3:30 p. m. Nos registramos en taquilla y pasamos al área de abordaje, nos pidieron estar en la puerta de embarque a la 1:30 p. m. y allí estábamos a la espera desde mucho antes. Aproximadamente a la 1:00 p. m. se interrumpió el servicio eléctrico y se encendieron unas escuálidas luces de emergencia. Se nota la devastación que vive el país. Ni siquiera existen plantas de emergencia para atender estas continencias, las cuales ya se han hecho habituales. Es un verdadero desastre y da mucha rabia y tristeza afrontar esta increíble realidad.

La aventura de lo desconocido continuaba y reinaba la incertidumbre por si saldría o no el vuelo. La desinformación revelaba que no hay estructura de mandos, ni procesos en este recinto; por lo cual el caos se imponía. Comenzaron los cuentos, pseudo oficiales, que nadie creyó; lo hacían para ganar tiempo y tratar de controlar la ansiedad de los usuarios del servicio. Luego de 4 horas de retraso, a las 7:30 p. m. abordamos el avión. Desde la ventanilla de la aeronave pudimos ver la funesta oscuridad reinante en Maiquetía y también fuimos testigos del restablecimiento del fluido eléctrico, minutos antes de alzar vuelo. Aún no partíamos, la lentitud continuaba; aproximadamente una hora después emprendimos la travesía. Hasta aquí llegó el inquietante episodio de la salida, la cual estuvo signada por la ansiedad.

Comenzó, entonces, la mejor parte de estas sabrosas vacaciones. Esa por la cual estábamos decididos a aguantar cualquier obstáculo. Al día siguiente de nuestra llegada a Miami, el 26 de marzo a las 10:30 p. m. arribó  el vuelo de Patricia y Victor procedente de Londres. Fue una sensación muy intensa poder abrazarlos después de tanto tiempo. Tomamos carretera hasta Orlando y en el camino en plena madrugada hicimos escala en la carretera para tomar el desayuno, por cierto nada ortodoxo. Dámaris nos comentó, a Victor, a Patricia y a este servidor, como ustedes pueden comer tanto a esta hora de la noche. Eso de comer sabroso fue uno de los inmejorables hitos de este histórico reencuentro. Victor es un excelso cocinero y además tiene un destacado tino para seleccionar excelentes lugares donde degustar.

Llegamos al sitio en la cual nos alojamos durante esta estadía y descansamos unas pocas horas. Luego del breve y reparador sueño nos alistamos para emprender, con total disposición, el programa de Victor y Patricia. Ellos se habían esmerado minuciosamente para planear toda la estadía. Realmente estábamos convencidos de que la pasaríamos genial los próximos días. Para Dámaris y para mí era más que suficiente la oportunidad de compartir en familia. El poder verlos, contarnos cosas, reírnos juntos; todos esos detalles estaban en nuestros anhelos. Teníamos un arsenal de emociones maceradas como para disfrutar las veladas por venir.

Estas fueron unas vacaciones de ensueño, restauradoras y llenas de vital energía. Cada día transcurrido lo vivimos con entusiasmo y con poderosa fuerza que nos recargó el alma. Carcajeamos mucho, nos regalamos entretenidas caminatas, nos relajamos y hasta nos atrevimos a retar nuestros miedos en algunos parques; en honor a la verdad en esto último Victor y Patricia nos sacaron magistral ventaja. En todo caso, Dámaris y quien escribe fuimos parte del equipo para animar a cumplir los retos propuestos.

Sobre todo Victor estuvo determinado a someterse a todas las formas de tortura rusa, perdón quise decir montañas rusa. Y mira que cumplió con su objetivo. Además logró que Dámaris y yo nos encaramáramos en algunos toboganes locos del parque Acuática. Esos artefactos sacuden las sensaciones y perturban las referencias de espacio, luz, sonido, aromas y tiempo. Cada micro viaje, por esos toboganes, comienza con la escalada de largas y empinadas escaleras premonitoras de lo que a uno le espera. Mientras se sube, se piensa: ay mamá que necesidad tengo yo de este sufrimiento. Ya en el tope de esas extrañas cosas no hay vuelta atrás. La odisea se hace inexorable. Si te arrepientes y pretendes regresar te expones a la burla de quienes están en la fila. Llegado tu turno, te ubicas en  la salida, esperas la luz verde y seguidamente te deslizas a gran velocidad a través de esos insólitos aparatos. En realidad cada trayecto dura pocos segundos; pero la intensidad y la incertidumbre lo hacen parecer una eternidad.

En este viaje fuimos sometidos a interesantes pruebas. Hasta pude aguantar de manera estoica las interminables pasadas por variados outlets y malls. Caso especial fueron las tiendas Ross. Creo que visitamos todas las de Orlando, Kissimmee y zonas aledañas, además de un par de ellas en Miami; hasta me aprendí la distribución de sus departamentos. Sospecho que alguna vaina me deben haber inoculado para evitar mis consecuentes, quejas cada vez que mi esposa e hijas me someten a esos extraños paseos de compras.

Como no podía faltar me di una caída con vueltas incluidas y Patricia y Dámaris sólo se rieron, que malas son esas chicas. Patricia, vio a su madre y bromeó exclamando con un sonoro acento “he needs some milk”

Se terminó el viaje y llegó la hora del abrazo de despedida. Recordé una canción de unos comics que decía: lástima que terminó el festival de hoy…

El regreso a casa fue excelente: sin ningún contratiempo. Llegamos bañados de una satisfactoria energía y disfrutando por todos esos ratos vividos. Nos hemos dedicado a compartir nuestros gratos momentos con Jackeline, con su esposo Leo y con David contándoles estos sabrosos relatos.

Dámaris y Cosme

13 de abril de 2019

@cosmerojas3

Crónicas de un viaje esperado

La Ciudad de Mérida y sus Lugares que Enamoran!!

Por: Vicky Herrera de Díaz

Abogado venezolana

Turista en formación

Amante de los Viajes

Madre de 5 varones venezolanos

Esposa enamorada de Adolfo Díaz

Luego de un desayuno delicioso en la Casa del Páramo, nos dispusimos a iniciar el camino hacia nuestro nuevo destino. Nos dirigíamos a los Llanitos de Tabay, un pueblo muy cercano a la ciudad de Mérida. La idea era ubicarnos lo mas próximos a la ciudad para disfrutar de esta nueva etapa de nuestras vacaciones, Mérida y sus lugares que enamoran.

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Los3KapuiViajeros visitan el Parque Biocontacto Mérida

El parque Biocontacto esta ubicado en las mismas instalaciones del Jardín Botánico en Mérida Venezuela. Es un lugar muy peculiar, se ocupan de recuperar, preservar y cuidar diferentes especies de animales, mientras que aprenden y enseñan sobre ellos. La experiencia es verdaderamente educativa, diferente y divertida. Un lugar que necesariamente debes conocer en tu visita por la ciudad de Mérida!!

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Punta Cana – Un Viaje Romántico

Por: Vicky Herrera de Díaz

Abogado venezolana

Turista en formación

Amante de los Viajes

Madre de 5 varones venezolanos

Esposa enamorada de Adolfo Díaz

Viajar a Punta Cana ha sido una de las cosas más románticas que hemos hecho, cuando planificábamos nuestra boda, pensamos en hacer nuestra luna de miel en Punta Cana. Nos casamos, vinieron los chicos en fin… la luna de miel quedo pendiente. Finalmente le dí la sorpresa a Adolfo y nos fuimos de luna de miel, con todos los detalles cubiertos.

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Los3KapuiViajeros y su visita a el Angel del Sol

Los3kapuiViajeros en ese recorrido por los rincones de la Ciudad de Mérida Venezuela, se encontraron con algo Maravilloso, desviándose en el Sector Monterrey, en la vía al Páramo de la Culata, luego de pasar el Bosque de Pinos, encontraron la Casa del Ángel del Sol, una hermosa casa propiedad de una pareja de biólogos profesores de la Universidad de los Andes, quienes en pleno conocimiento del espectacular entorno que los rodea, decidieron en un gesto generoso abrir las puertas de su casa para el avistamiento de aves, muy especialmente de las 14 especies de Colibrí que llegan a sus jardines

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